miércoles, 2 de mayo de 2012

¿Es un pájaro? ¿Es un avión? Es una máquina de hacer dinero llamada Superman

Shuster y Siegel, autores de Superman, vendieron en 1938 los derechos de su personaje por 130 dólares. Un error que quedó patente pronto, cuando a los 4 números, Actions Comics estaba vendiendo 500.000 ejemplares. Hace nada se ha vendido en subasta el cheque con el que National Comics pagó a los autores por 160.000 dólares... y eso me da una excusa para hablar de cosas molonas, como Superman, cómics y derechos de autor.

Algunos pagan un millón de dólares por esto
Al ver el dinero que estaba generando su personaje, los creadores de Superman empezaron a moverse para conseguir que algo de eso les llegara a ellos. Y al principio no tuvieron mucha suerte. En los ’40 y los ’70, Jerry Shuster y Joe Siegel demandaron a la editorial para intentar recuperar los derechos sobre los personajes, pero en ambas ocasiones, los tribunales fallaron a favor de la DC. Y las cosas no cambiaron hasta que, en 1978 y a raíz del enorme éxito alcanzado por la película Superman, la editorial DC decidió concederles una pensión anual de por vida de 25.000 dólares. Por la obligación moral que tenían con ellos... y por la presión de huelga y paro que dibujantes de comics y guionistas de muchas editoriales ejercieron.

Mickey Mouse y su parecidísimo primo, Oswald the Lucky Rabbit 
Hace unos años, los herederos de Siegel volvieron a una revisión del acuerdo de derechos. Se apoyaron en la CTEA, el Acta Sonny Bono de Extensión de término de los Copyright, que extendió la duración de los derechos de autor. Popularmente se llama "Acta Mickey Mouse", porque entre otras cosas extendía hasta los 95 años la protección de la que gozaba cualquier película estrenada a partir de 1923, el año en que Disney creó a Mickey.

La cuestión es que en 1999 los Siegel recuperaron su mitad de los derechos de paternidad del Hombre de Acero y en estos momentos los derechos de Superman pertenecen al 50% a los Siegel y a DC comics, como sucesora de Nacional. A los herederos de Shuster... se les pasó pedir su parte del pastel.

La gallina de los huevos de oro lleva capa
La de Superman es la más famosa de estas batallas legales de los tebeos, pero hay más, porque el mundillo es muy dado a poner las cosas en manos de los abogados.

Capitán Marvel vs Superman
La historia del cómic está plagada de pleitos de las las editoriales, fundamentalmente con sus propios creadores, por los derechos de autor de los personajes, pero también con otras compañías por los "parecidos razonables". El caso más célebre es el de DC contra la Fawcett por su Capitán Marvel, que entonces era más popular que Superman. El fallo a favor de DC acabaría hundiendo la compañía rival que vendería sus personajes y fondo... a la propia DC. La otra grande, la editorial Marvel, corrió a registrar el nombre del Superhéroe como propio para que no pudiera haber ningún cómic con ese título fuera de su editorial.

Batman, al principio de los tiempos
La más famosa discusión por cuestión de derechos quizá es la que Schiegel y Schuster tuvieron por los de Superman, pero no han sido los únicos: Los herederos de Jack Kirby, creador de la parte gráfica y de muchos de los argumentos para la Marvel, o Gary Friedrich, creador de los guiones del Motorista Fantasma, están entre los que pleitearon y perdieron. Sólo Bob Kane pareció entender el juego y se sirvió de una triquiñuela, el haber firmado papeles siendo menor de edad sin que DC lo supiera, para controlar ferreamente -dejando fuera incluso a su cocreador, Bill Finger- al famoso Batman. 

Watchmen, los vigilantes a los que no vigila nadie
Aún quedan pleitos por resolver, sin embargo, uno de los más antiguos incluye a la editorial Marvel, al famoso escritor Alan Moore -creador de Watchmen o V de Vendetta- al también famoso Neil Gaiman -de The Sandman- y a Todd McFarlane, creador del éxito noventero Spwan, que llevan años discutiendo y pactando entre ellos por el control de una serie conocida primero como MarvelMan y, posteriormente -los abogados ya se sabe- como MiracleMan. En estos momento Marvel parece estar cerca de lograr poner de acuerdo a todas las partes, pero ¡ojo! En el mundo del cómic siempre hay una demanda a la vuelta de la esquina.

Sandman, un gran tebeo y un personaje megasexi
Así que toca estar pendientes de lo que hacen, sobre todo, los dos grandes del mercado. Porque en el cómic americano hay dos que mandan por encima del resto de editoriales, que desde hace años controlan el principal mercado: los superhéroes. Por encima de las editoriales centradas en el público infantil como Archie o de sus rivales directas, la seria Dark Horse y la imprevisible Image, los superhéroes son el nucleo duro de la industria... porque cuando llegaron, de la mano de DC y Marvel, lo cambiaron todo.

Y ahora, unos parrafitos sobre la historia de esas dos empresas que cortan el bacalao en el sector:


The New Frontier, de Darwyn Cooke
La historia de DC es la historia de sus iconos. En 1935, con el nombre de National Allied Publications se creó una compañía para editar revistas, novelitas pulp y cómics, por aquel entonces reediciones de las famosas tiras de prensa que llenaban los periódicos. Fue en 1939 cuando dieron la campanada al publicar a un héroe nuevo y diferente: Superman. Tras el enorme éxito del hombre de acero, que vendía millones de ejemplares cada mes, las estanterías y los quioscos se llenaron de personajes lo más parecidos posible. Pero sería DC de nuevo la que lograría el éxito con Batman. Detrás vendrían el resto de figuras, de Wonder Woman a Green Arrow pasando por Green Lantern o Flash con los que acabarían creando el primer supergrupo del mundo: La Liga de la Justicia de América.

Ahora el Capitán América
es tan guapo como Chris Evans
El otro gigante es Marvel, que tras una medianamente exitosa primera etapa con la presentación del Capitán América o de Namor sufriría el rigor de la postguerra, cuando las perspectivas nada coloristas y la falta de papel atenazaron al mercado de superhéroes. Por suerte para ellos, la llegada en los 50 del código de autoregulación que eliminaba los aspectos más espinosos de los cómics tuvo un efecto beneficioso. En 1961, el joven guionista-para-todo de Marvel, Stan Lee, creaba una familia fantástica llena de poderes pero más preocupada por sus aspectos vulnerables, más humana: así nacieron los 4 Fantásticos y, tras ellos, toda una retahíla de personajes falibles pero adorables como Spider-Man, Iron Man o los X-Men.

Tras su explosión en los '60 y su posterior crecimiento en los '70 y '80 la llegada de los '90 les pilló desprevenidos, el exceso de oscuridad y la referencialidad expulsó a los lectores y sólo los inversores parecían aún interesados. El pinchazo de la burbuja del cómic-inversión acabó de hundir ambas empresas llevando a DC a ser adquirida por el gigante Time-Warner y a Marvel a quebrar. La recuperación fue lenta y dolorosa, pero gracias a unos nuevos criterios para dirigir la empresa, lograron recuperar su antigua posición, empezar a producir películas de éxito de sus personajes más emblemáticos y, finalmente, ser adquiridos también ellos, esta vez por Disney.

Un gran final (aunque la viñeta quede a mitad del tebeo)
* Gracias a Jónatan Rubio por los conocimientos y por todo lo demás.
** Todas las imágenes son robadas.

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